¡Han vuelto los erizos de mar! Sí, se cree que la temporada de los erizos de mar comienza en invierno, pero en realidad, la campaña viene marcada por el desarrollo de las huevas y no por la temperatura del agua. Podemos respirar tranquilos, ¡aún nos queda mucho otoño por delante!

Los erizos atesoran un intenso sabor a mar concentrado en sus gónadas -también llamadas coral o yemas- y en el jugo que las rodea. En esta época, el coral del erizo de mar tiene una textura suave y grasa, como si fuese mantequilla, carnosa, y resume en medio bocado todo el sabor de las rías gallegas. Las hembras tienen un color anaranjado por dentro y los machos un color algo más claro, castaño amarillento. Por fuera, las hembras pueden tener tonalidades tirando al marrón y los machos al negro, aunque no es una forma segura de reconocerlos.

Para degustarlos, lo mejor es consumirlos al natural, sin más, recién cogidos del mar. De esta manera su sabor es más fuerte, apto para los apasionados del marisco. Los podemos servir como aperitivo o merienda, con cuchara o untados a modo de paté en un trozo de pan, sobre todo si son de lata. Para acompañarlos elegiremos de preferencia una sidra, un buen cava o un vino blanco de aguja.

Otra manera de consumirlos es cocinados. En este caso los comeremos fríos o tibios, ya que muy calientes pierden su textura. Las presentaciones más extendidas son en revueltos y con algas o en croquetas. Siempre serán una apuesta segura si los utilizas para aromatizar caldos y arroces. Una receta que goza de mucha popularidad es acompañando a la merluza en forma de salsa, siempre sin pasarse. Debemos intentar evitar que su intenso sabor no enmascare al del pescado.

Sea cuál sea la receta elegida, lo más importante si quieres preparar erizos, es que obedezcas a estos tres mandamientos:

  • No los cocerás en exceso;
  • no los salarás en abundancia;
  • no los abrirás machacándolos (mezclando yemas con pinchos).

Por último, recuerda que, si quieres congelar los erizos, tendrás que abrirlos y separar sus cinco corales. Después los guardarás en un recipiente junto con su jugo y así cerrados los meterás en el congelador un máximo de tres meses. Ten presente siempre descongelarlos en la nevera.

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